martes, 28 de abril de 2015

Reflexión rápida sobre lo natural y lo artificial: la vitámina A

Hoy voy a escribir una entrada para enfadar a todo el mundo :-). De un lado tenemos a los que promueven el "todo natural" y de otro a los que dicen que "lo natural y lo artificial son lo mismo". Vamos a ver si soy capaz de dejar a ambos bandos insatisfechos...

Pongamos una sustancia tan necesaria y natural como la vitamina A. La vitamina A se encuentra en multitud de verduras [1], por ejemplo, y está implicada en numerosas funciones relacionadas con la piel o la visión [2], por ejemplo. Sin embargo, se trata de una vitamina liposoluble y, por tanto, es susceptible de provocar hipervitaminosis, que es la situación en la que el cuerpo no puede asimilar mas vitamina y empieza a intoxicarse.

La hipervitaminosis A tiene una serie de consecuencias bastante desagradables [3], como por ejemplo: mareo, dolor de cabeza, nauseas, daño hepático, etc. que, afortunadamente, suelen remitir cuando se deja de consumir en demasía.

Y ahora la reflexión rápida: una forma fácil de sufrir hipervitaminosis A es tomar suplementos de esos que hace la Big Pharma [4] como si los fueran a prohibir mañana. Y aquí es donde los detractores de "lo artificial" dirán que esto demuestra lo malo que es lo sintético.

Sin embargo, si nos fijamos en uno de los alimentos que más vitamina A aporta (el hígado de pavo) [5], vemos que, con 100 gramos de hígado, nos metemos 75.337 UI para el cuerpo. Según la bibliografía científica [6], una ingesta de más de 100.000 UI/día durante más de 6 meses se considera tóxica, existiendo gran variabilidad según la población y siendo esta tolerancia mucho más reducida en los consumidores de alcohol crónicos.

Así pues, se podría afirmar que, si nos da por comernos un hígado de pavo durante seis meses diariamente, acabaríamos por provocarnos hipervitaminosis A. Pero, oh wait!, ¿no habíamos dicho que solo era malo lo artificial? ¿Es que acaso el hígado de pavo no es natural? Pues ya lo véis, como dijo Paracelso: "en la dosis está el veneno", sin especificar nada acerca de si éste tenía que ser natural o artificial.

Ahora ya tenemos disgustados a los que promueven lo natural. Pero, ¿qué pasa con los que dicen que lo artificial no es malo? Vamos allá. Es fácil ver que el ejemplo está un poco traído por los pelos. ¿Qué probabilidades hay de que una persona humana (no de las otras; ah, ¿qué no hay otras?, yo que sé, como se dice tanto...) se coma 180 hígados de pavo seguidos, día tras día? Me parece a mi que muy pocas.

Mi conclusión es que, si bien lo artificial y lo natural son semejantes y el cuerpo no puede distinguirlos, cuando sintetizamos un compuesto, es mucho más fácil que se nos vaya la mano.

Es, por ejemplo, lo mismo que sucede con la comida real por contraposición a la comida procesada. Es mucho más difícil comer un alimento desequilibrado según nos lo ofrece la naturaleza que según nos lo ofrece la industria recién sacado de la caja.

Y para muestra un botón: a ver donde se encuentra un alimento natural que contenga 57 gramos de sacarosa y 33 de aceite vegetal refinado por cada 100 gramos de producto. Y sin embargo, a la industria ni le tiembla la mano al fabricarlo [7].

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[1] http://www.naturisima.net/index.php/91-materia-medica/18319-los-10-alimentos-mas-altos-en-vitamina-a
[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Vitamina_A
[3] http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000350.htm
[4] Se denomina a la industria farmaceutica como Big Pharma, normalmente en circulos conspiranoicos, para denostarla y dar a entender que obran en contra del bien común (https://en.wikipedia.org/wiki/Big_Pharma_conspiracy_theory). Sin embargo, aunque es probable que esta visión sea exagerada, si que existe la percepción de que los incentivos de las industrias farmaceúticas no conducen del todo a mejorar la salud de la población. A este respecto, una gran fuente de información es el libro Bad Pharma de Ben Goldacre, lectura ineludible para toda persona interesada en este asunto (https://en.wikipedia.org/wiki/Bad_Pharma).
[5] http://nutritiondata.self.com/facts/poultry-products/817/2
[6] http://www.nutri-facts.org/esp/vitaminas/vitamina-a-retinol/seguridad/
[7] http://www.nocilla.es/pdfs/informacion_nutricional_nocilla.pdf

martes, 14 de abril de 2015

Los límites de la visión humana

Estrenamos el blog contando el resultado de ciertas indagaciones sobre los límites de la visión humana y como afectan estos a los parámetros técnicos que tenemos que tener en cuenta al manejar dispositivos electrónicos.

En particular, vamos a prestar atención a cuanta resolución podemos ver (cuantos pixels, o megapixels) y a cuán deprisa responden los ojos a cambios en las imágenes (lo que se conoce como frecuencia de refresco). Para ello responderemos a las siguientes preguntas:

¿Cual es la máxima densidad de pixels que el ojo humano puede ver?


Normalmente, se define el detalle mínimo visible por un ojo normal en condiciones óptimas como un minuto de arco (es decir 1/60 de grado) de la visión central. Esto por ejemplo, quiere decir que, a 30 cm de distancia, podemos ver detalles de 87 micras de tamaño, mientras que a 1km no podemos distinguir detalles de menos de 29 cm [1].

Esquema del campo de visiónComo la densidad de pixels se mide en pixels por pulgada, si lo pensamos, esto quiere decir que no existe una máxima densidad absoluta de pixels que el ojo pueda ver. En realidad, la densidad máxima estará supeditada a la distancia a la que situemos lo que estemos leyendo. En otras palabras, los pixels de los carteles electrónicos de las autopistas en las carreteras son gordos como puños, pero como los vemos desde lejos, se ven como en un monitor de ordenador (más o menos).

Por otra parte, sucede que los usuarios sitúan diferentes dispositivos a distintas distancias. Por ejemplo: las tabletas se manejan con dos manos y se sitúan a unos 40 cm de los ojos, mientras que los teléfonos se cogen con una y se acercan más a los ojos, manteniéndose a unos 30 cm de ellos.

En todo lo anterior se basó Apple, por ejemplo, para decir que sus pantallas Retina (300 pixels/pulgada en el iPhone, 220 en el MacBook Pro) tienen la máxima resolución visible por el ser humano. Sin embargo, los parámetros que usa Apple para decir que su pantalla Retina no es mejorable están obsoletos, puesto que antiguamente se aceptaba que un minuto de arco era el máximo detalle visible, pero ya hay estudios que lo sitúan en 0,6 minutos de arco y algunos incluso en 0,4 y hasta 0,3 [2].

En resumen, si aceptamos que un ojo humano ve detalles de unos 0,4 minutos de arco, serían necesarios unos 952 pixels/pulgada para un teléfono, y 467 para un monitor de 15 pulgadas.

 

¿Cuantos "frames" por segundo puede ver el ojo humano?


La respuesta habitual a esta pregunta es 24. Todos los aficionados al cine saben que las cámaras de cine analógicas grababan a veinticuatro imágenes por segundo. Sin embargo, esta es la respuesta fácil porque... si bastan veinticuatro, ¿por qué hay TVs de 100Hz o cámaras de cine que graban a 48 cuadros/segundo?

La tasa de refresco necesaria para que el ojo perciba una película como natural varía según distintos parámetros [3]:

  • Enfoque: el cerebro interpreta las imágenes borrosas como movimiento, mientras que si están enfocadas le parece verlas más a saltos. Por eso, en juegos de ordenador hacen falta más cuadros por segundo que en el cine: en el ordenador cada cuadro está perfectamente enfocado, mientras que en el cine, con el movimiento, las escenas se desenfocan y dejan estelas. Así, una posible mejora de visibilidad para los juegos de ordenador sería aplicar un filtro "motion blur" (desenfoque de movimiento) entre escena y escena. Esto, de hecho, lo hacen algunas TVs, motivo por el cual se ven mejor las películas que si se proyectan en un monitor de ordenador.

  • Sensibilidad a la oscuridad: cuando el ojo mira una superficie brillante en la que, por un corto espacio de tiempo, se intercala una imagen oscura, el cerebro necesita, como mínimo, que la imagen oscura dure una centésima de segundo [CITAR FUENTE] para darse cuenta de ella. Esta es la razón de que las TVs con refresco de 100Hz se vean con menos parpadeo que las de 50Hz. Y por la misma razón, no tiene sentido una TV con mucho más refresco. Esta es la razón también de que en cine, aunque se grabasen las películas a 24 cuadros/segundo, se proyectasen a 48 o 72 cuadros/segundo, repitiendo el mismo cuadro varias veces e intercalando cuadros negros entre medias.

  • Sensibilidad a la luz: cuando el escenario es opuesto al anterior y el ojo está "viendo" la oscuridad, ¿que duración tendría que tener un flash de luz para que el cerebro lo procese? Se calcula, basándose en pruebas hechas a pilotos de avión [CITAR FUENTE], que bastaría con que durase 0,33 centésimas de segundo. Este intervalo es menor que el anterior por el conocido efecto de retención de la imagen que tiene la retina, y que nos permite "seguir viendo" después de un deslumbramiento.

Por eso, la respuesta no es tan obvia, y por eso tampoco hay una respuesta absoluta a esta pregunta, porque el conjunto ojo-cerebro funciona como un dispositivo que analiza multiples informaciones a la vez y que, dependiendo de la escena vista, puede necesitar más o menos información para que algo le parezca real.

Conclusión


A pesar de lo que muchos fabricantes se empeñen en decir, todavía queda bastante recorrido para mejorar los dispositivos electrónicos en lo que a resolución se refiere. Sin embargo, es cierto que cada vez nos estamos acercando más a los limites de los sentidos humanos y que no queda tanto para que lo digital acabe siendo tan bueno o mejor que lo analógico.

Ya ha pasado en cine, ha pasado en fotografía y, tarde o temprano, pasará con los medios impresos [4].

Fuentes del artículo

[1] http://ocularis.es/blog/?p=27
[2] http://www.cultofmac.com/173702/why-retina-isnt-enough-feature/
[3] http://www.100fps.com/
[4] http://www.useit.com/alertbox/web-typography.html